Colombia bajo los escombros: terremoto de 7.4 deja más de 250 muertos y una emergencia que todavía puede empeorar
Por la Redacción de TribunaBC
Actualizado al 11 de agosto de 2026
Colombia enfrenta una de las peores tragedias naturales de las últimas décadas. Un terremoto de magnitud 7.4 sacudió el occidente del país la mañana del lunes 10 de agosto, provocando destrucción en ciudades enteras, colapso de viviendas y hospitales, interrupciones en aeropuertos y una carrera desesperada contra el tiempo para localizar sobrevivientes.
El balance continúa cambiando hora por hora. La actualización más reciente de Reuters sitúa el número de fallecidos en al menos 254 personas, mientras miles siguen reportadas como desaparecidas y los equipos de rescate trabajan entre estructuras inestables y réplicas constantes.
El epicentro: San José del Palmar, Chocó
El Servicio Geológico Colombiano confirmó que el terremoto principal ocurrió a las 7:34 de la mañana, hora local, con epicentro en San José del Palmar, departamento del Chocó, y una profundidad calculada oficialmente en 103 kilómetros. La intensidad instrumental alcanzó niveles considerados muy fuertes.
La profundidad explica parcialmente por qué el movimiento pudo sentirse a grandes distancias. Habitantes de Bogotá, Medellín y otras ciudades reportaron fuertes oscilaciones, mientras el sismo también fue percibido en países vecinos.
Poco después se produjo otra sacudida de magnitud 4.8 en la misma zona, y durante las horas siguientes comenzaron a acumularse las réplicas. Reuters reporta cerca de cien movimientos posteriores, lo que mantiene a habitantes y rescatistas bajo tensión permanente.
Pereira y Cali, entre las zonas más golpeadas
Aunque el epicentro se localizó en Chocó, parte de la destrucción más grave ocurrió en el eje cafetero y el Valle del Cauca.
Pereira sufrió derrumbes de edificios, viviendas destruidas y un número elevado de víctimas. Las operaciones de rescate continúan entre montones de concreto, en algunos casos con ciudadanos trabajando junto a bomberos y soldados para retirar escombros manualmente.
En Cali, hospitales resultaron dañados y parte de la atención médica tuvo que trasladarse al exterior de algunos edificios por temor a nuevos colapsos. La cantidad de víctimas ha saturado servicios de emergencia y morgues.
También se reportan graves afectaciones en Quibdó, Manizales y numerosos municipios rurales, algunos de difícil acceso.
Más de 5 mil viviendas dañadas
Las primeras evaluaciones dimensionan la magnitud del desastre.
La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios calcula que más de 5,000 viviendas resultaron dañadas. Decenas de edificios colapsaron completamente y centenares de familias quedaron sin hogar.
Carreteras, redes de agua, energía eléctrica y telecomunicaciones también han sufrido interrupciones. Varias terminales aéreas tuvieron que suspender operaciones mientras ingenieros revisaban pistas y edificios.
La dificultad para comunicarse con comunidades rurales hace probable que los números sigan aumentando.
Miles de desaparecidos: el dato más inquietante
Uno de los elementos que más preocupa es la enorme cantidad de personas cuyo paradero todavía no ha sido confirmado.
AP informó de miles de desaparecidos y organizaciones ciudadanas llegaron a recopilar listados con aproximadamente 3,900 nombres, aunque esas cifras no equivalen necesariamente a personas atrapadas bajo los escombros: muchas podrían estar incomunicadas debido al colapso de redes telefónicas y carreteras.
La distinción es importante.
Después de grandes terremotos, los registros iniciales de desaparecidos suelen disminuir conforme se restablecen las comunicaciones. Sin embargo, cada hora que pasa reduce las probabilidades de supervivencia para quienes sí permanecen atrapados.
Por eso las próximas jornadas serán decisivas.
Una región especialmente vulnerable
El lugar del epicentro agrega otro problema.
Chocó es una de las regiones colombianas con mayores índices históricos de pobreza y con enormes dificultades de infraestructura. Muchas poblaciones sólo pueden alcanzarse por vía fluvial, aérea o atravesando zonas selváticas.
Además, existen territorios donde operan organizaciones armadas.
Eso complica enormemente el desplazamiento de rescatistas, maquinaria pesada, alimentos, agua potable y suministros médicos.
En términos geológicos, el terremoto fue natural.
Pero la dimensión de una tragedia nunca depende únicamente de la magnitud.
También depende de cómo y dónde está construida una sociedad.
Una vivienda resistente puede convertir un terremoto fuerte en daños materiales. Una vivienda precaria puede convertir el mismo movimiento en una tragedia humana.
Colombia declara la emergencia
El Gobierno colombiano activó la estructura nacional de gestión del riesgo inmediatamente después del terremoto.
La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres confirmó el evento de magnitud 7.4 y el despliegue de la respuesta nacional.
Las autoridades declararon una emergencia nacional y movilizaron fuerzas militares, equipos de búsqueda, personal sanitario y maquinaria hacia las regiones afectadas.
En ciudades como Cali y Pereira se establecieron restricciones de movilidad para facilitar los trabajos de emergencia y evitar saqueos.
Ayuda internacional
La dimensión de la tragedia ha provocado una rápida reacción internacional.
Estados Unidos anunció recursos financieros para apoyar las labores de emergencia. Naciones Unidas incrementó su presencia en las zonas afectadas y organismos multilaterales comenzaron a preparar fondos para reconstrucción.
Países latinoamericanos también han ofrecido asistencia humanitaria, especialistas y equipos de búsqueda.
La reconstrucción podría prolongarse durante años.
¿Por qué Colombia tiene tantos terremotos?
Colombia se encuentra en una zona tectónica extremadamente compleja.
En su territorio interactúan principalmente las placas:
Nazca
Sudamericana
Caribe
El movimiento relativo entre ellas acumula enormes cantidades de energía dentro de la corteza terrestre.
Cuando esa energía supera la resistencia de las rocas, se libera repentinamente en forma de ondas sísmicas.
El propio Servicio Geológico Colombiano recuerda que el país registra miles de terremotos cada año, aunque la mayoría son demasiado pequeños para ser percibidos.
Por eso el terremoto del 10 de agosto no significa que haya aparecido una nueva amenaza geológica.
La amenaza siempre ha estado ahí.
¿Las réplicas significan que viene otro terremoto mayor?
No necesariamente.
Las réplicas son normales después de un terremoto grande porque la corteza necesita reajustarse después de liberar enormes cantidades de energía.
Pueden continuar durante días, semanas o incluso meses.
La mayoría serán de menor magnitud.
Pero existe una preocupación práctica: estructuras que sobrevivieron debilitadas al terremoto principal pueden derrumbarse durante una réplica mucho menor.
Por eso las autoridades están solicitando a la población no regresar a edificios declarados inseguros.
¿Puede producirse un tsunami?
Este terremoto no generó una alerta significativa de tsunami porque su epicentro fue continental y profundo.
Los grandes tsunamis suelen producirse cuando terremotos submarinos superficiales desplazan verticalmente grandes cantidades de agua.
Eso no elimina otros riesgos asociados, especialmente deslizamientos de tierra en regiones montañosas.
El recuerdo de Armenia en 1999
La tragedia inevitablemente devuelve a Colombia a uno de sus episodios más dolorosos.
El 25 de enero de 1999, un terremoto de magnitud 6.2 devastó Armenia y gran parte del Eje Cafetero.
Murieron alrededor de 1,200 personas y miles quedaron heridas o sin hogar.
Aquel desastre modificó profundamente la política colombiana de construcción antisísmica y gestión del riesgo.
Veintisiete años después, el nuevo terremoto plantea una pregunta incómoda:
¿cuánto aprendió realmente el país?
Una magnitud menor puede matar más
Existe un error común: pensar que la magnitud determina directamente el número de muertos.
No funciona así.
Un terremoto de magnitud 7 puede matar pocas personas en una región con edificios resistentes y buena preparación.
Otro de menor magnitud puede provocar miles de víctimas si ocurre cerca de poblaciones vulnerables.
El desastre colombiano expone nuevamente cuatro factores fundamentales:
calidad de las construcciones, densidad poblacional, capacidad de respuesta y pobreza.
La geología inicia el terremoto.
La vulnerabilidad decide gran parte de la tragedia.
El desafío después del rescate
Durante los primeros días, toda la atención está puesta en encontrar personas vivas.
Después vendrá un problema mucho mayor.
Miles de familias necesitarán vivienda temporal. Habrá que reparar carreteras, hospitales, escuelas, redes eléctricas y sistemas de agua potable.
El impacto económico será considerable.
La región cafetera, además, tiene importancia estratégica para las exportaciones colombianas. Daños prolongados en infraestructura podrían afectar producción, transporte y empleo.
La recuperación exigirá inversiones multimillonarias.
El trauma invisible
También existe un daño que no aparece en las fotografías.
Miles de personas han visto derrumbarse sus casas, perdido familiares o permanecido horas sin saber si sus seres queridos estaban vivos.
Después de un terremoto fuerte son comunes:
ansiedad, insomnio, miedo a entrar en edificios, ataques de pánico y estrés postraumático.
La reconstrucción no deberá limitarse a concreto.
También tendrá que atender la salud mental de los sobrevivientes.
Conclusión TribunaBC
El terremoto de Colombia ya es una tragedia de dimensiones nacionales.
Al cierre de esta actualización, el balance más reciente disponible habla de al menos 254 muertos, miles de personas heridas o desaparecidas y más de 5 mil viviendas afectadas. Pero estos números todavía son provisionales.
Debajo de los escombros todavía puede haber vidas esperando ser encontradas.
Eso explica por qué cada minuto cuenta.
Durante las próximas horas veremos imágenes de rescatistas, soldados, médicos y ciudadanos trabajando juntos. Después llegará el momento de investigar qué edificios fallaron, qué normas no se cumplieron y qué regiones quedaron demasiado vulnerables.
Los terremotos no pueden evitarse.
Las catástrofes, en cambio, sí pueden reducirse.
Y cuando Colombia termine de contar a sus muertos, la pregunta más difícil no será por qué se movió la Tierra.
Será si el país estaba preparado para cuando inevitablemente volviera a hacerlo.
Nota de actualización: las cifras están cambiando rápidamente. El último balance consultado para este artículo es el de Reuters publicado este 11 de agosto, que eleva el saldo a por lo menos 254 fallecidos.

