EL FUEGO AMIGO: CUANDO EL ENEMIGO ESTÁ EN CASA
Hay algo en la política mexicana que nunca deja de sorprenderme: el famoso fuego amigo.
¿En qué consiste? Muy sencillo.
En la fotografía aparecen todos juntos, sonrientes, abrazados, levantando la mano y hablando de unidad. Aunque, hay que decirlo, algunos y algunas ni siquiera tienen la habilidad de disimular.
Pero por debajo de la mesa la historia puede ser muy diferente.
Cuando llega el momento de repartir candidaturas y posiciones, empiezan los golpes. Y sí, muchas veces vienen desde los propios aspirantes y sus equipos. Habrá ocasiones en que el aspirante o la aspirante no se entere de todo lo que hacen sus operadores, pero en muchas otras sabe perfectamente que sus equipos, simpatizantes y grupos cercanos están metidos en la guerra sucia y el fuego amigo.
Y entonces vienen los rumores, las filtraciones, los ataques en redes sociales, las campañas para desacreditar al compañero o a la compañera y todo aquello que pueda servir para quitarlo o quitarla del camino.
Eso es el fuego amigo.
Y en Morena, particularmente en Baja California, acabamos de pasar por un proceso interno importante. Julieta Ramírez fue designada coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional rumbo al proceso electoral de 2027.
Pero esto apenas comienza.
Porque después vienen las definiciones de quienes buscarán diputaciones, alcaldías y otros espacios de representación popular.
Y aquí hay algo interesante.
Durante muchos años este tipo de guerras internas fueron protagonizadas principalmente por hombres. Hoy hay una participación mucho mayor de las mujeres en la política y uno podría pensar que eso ayudaría a bajar la temperatura.
Pues parece que no.
El fuego amigo no entiende de género.
Hombres contra hombres, mujeres contra mujeres, hombres contra mujeres y mujeres contra hombres. Cuando aparece una candidatura en el horizonte, las llamaradas alcanzan parejo.
La mayor participación de las mujeres no apagó el fuego amigo. Por momentos, pareciera que le echaron otro leño a la fogata.
Y ahí es donde Morena tiene un problema que debería atender seriamente: ¿hasta dónde se puede permitir la confrontación interna antes de que termine dañando al propio movimiento?
Porque una cosa es competir.
Una cosa es querer ser candidato o candidata.
Una cosa es defender legítimamente un proyecto político.
Y otra muy diferente es intentar destruir al compañero o a la compañera para quedarse con su lugar.
Ahí comienza el cochinero.
Lo más absurdo del fuego amigo es que después del proceso interno todos vuelven a tomarse la fotografía juntos, levantan la mano de quien ganó y hablan de unidad.
Pero las heridas quedan.
Porque al adversario político eventualmente lo vuelves a enfrentar en una elección.
Pero al compañero o a la compañera que te golpeó por debajo de la mesa tienes que volverlo a ver sentado junto a ti.
Morena tiene todavía muchas candidaturas por definir rumbo a 2027.
Y si este fue apenas el calentamiento, agárrense, porque cuando empiecen a repartirse alcaldías y diputaciones puede subir todavía más la temperatura.
Si Morena no pone orden entre sus propios grupos, el mayor desgaste quizá no venga de enfrente.
Puede venir desde adentro.
Porque en política, muchas veces, el fuego más peligroso no es el del adversario: es el que sale de tu propia trinchera.
Y Julieta Ramírez acaba de vivir en carne propia una contienda interna particularmente áspera. Además de los cuestionamientos provenientes de la oposición, durante el proceso enfrentó señalamientos y confrontaciones surgidos también desde sectores vinculados a su propio movimiento.
Un verdadero viacrucis político antes de llegar a la coordinación.
¡Qué cosas las que tenemos que ver, oír y leer en la política!
Lo increíble no es solamente que el fuego amigo siga existiendo.
Lo increíble es que, lejos de apagarse, parece que cada proceso electoral le echa más leña a la fogata.
Y esto apenas comienza.
Soy Javier García CAMARENA.

