Hay lugares que uno conoce caminando. Otros, viajando. Y Baja California también se conoce comiendo.
Cruzas la frontera desde San Diego y prácticamente comienza una ruta gastronómica que puede llevarte cientos de kilómetros hacia el sur.
Tijuana tiene una cocina impresionante. Una ciudad fronteriza donde se mezclaron durante décadas mexicanos de todos los estados, estadounidenses, asiáticos y muchas otras culturas. Puedes encontrar desde una extraordinaria cocina de autor hasta tacos que por sí solos justifican la visita.
Y de ahí, vámonos hacia el sur.
Llegas a Playas de Rosarito y comienza otro espectáculo: comer frente al Pacífico. Restaurantes, hoteles, terrazas, mariscos, pescados y una zona turística e inmobiliaria que sigue creciendo mirando hacia el mar.
Un poquito más adelante está Puerto Nuevo.
¿Quién no identifica Puerto Nuevo con su langosta, los frijolitos, el arroz y aquellas enormes tortillas de harina? Se convirtió en toda una tradición gastronómica de Baja California.
Y entonces tomas la carretera Escénica rumbo a Ensenada.
Para mí, sigue siendo uno de los recorridos carreteros más bonitos de México: montaña de un lado, el enorme Pacífico del otro y kilómetros de costa que explican por qué este corredor tiene un potencial turístico e inmobiliario enorme.
Pero todavía falta mucho.
Llegamos al Valle de Guadalupe y cambiamos completamente de escenario. Viñedos, restaurantes, hoteles, pequeños espacios campestres y una cocina que convirtió al valle en un destino por sí mismo. Aquí la gastronomía aprovecha muchísimo el producto regional: mar, campo, huertos y productores locales.
Después viene Ensenada.
Aquí podríamos escribir una columna completa solamente de comida: tacos de pescado y camarón, carretas de mariscos, ceviches, tostadas, pescados, cocina contemporánea, restaurantes de toda la vida y productos extraordinarios que llegan directamente del Pacífico.
Y si seguimos bajando, la historia no termina.
Maneadero, Santo Tomás, San Vicente y finalmente San Quintín nos recuerdan algo que a veces olvidamos: Baja California también es campo.
San Quintín es una región agrícola y pesquera extraordinariamente importante, y ahí también se come muy bien. Ostiones, pescados, mariscos y productos cultivados en una de las grandes zonas agrícolas de nuestro estado.
Además, este corredor continúa hacia el sur y nos conecta por carretera con el resto de la península y con Baja California Sur.
Por eso creo que debemos empezar a mirar toda esta franja con otros ojos.
San Diego–Tijuana–Rosarito–Puerto Nuevo–Valle de Guadalupe–Ensenada–San Quintín no son solamente puntos separados en un mapa. Forman un enorme corredor turístico, gastronómico, carretero e inmobiliario frente al Pacífico.
Tenemos frontera, playas, carretera escénica, gastronomía, agricultura, pesca, vino, hoteles, restaurantes, bienes raíces y paisajes espectaculares.
¿Y saben qué es lo mejor?
Que todavía falta muchísimo por desarrollar.
Porque Baja California no solamente se visita.
Baja California se recorre, se admira… y se come.
Soy Javier García Camarena.

