RACHEL DESTAPÓ LA CLOACA: ¿QUIÉN RESPONDE POR LOS FRACCIONAMIENTOS MAL CONSTRUIDOS EN ENSENADA?
Por Javier García Camarena
La tormenta Rachel no vino a crear todos los problemas de Ensenada. Vino a exhibir lo que durante años, incluso décadas, se ha permitido en materia de construcción, urbanización y autorización de fraccionamientos.
Y lo que estamos descubriendo es verdaderamente preocupante.
Ayer estuvimos personalmente en Villas del Sol II, donde un impresionante hundimiento dejó al descubierto tuberías, estructuras de drenaje, enormes bloques de concreto y una sección de pavimento prácticamente suspendida sobre el vacío.
Los vecinos relataron que durante la tormenta Rachel escucharon un estruendo cuando parte del terreno se vino abajo. El susto, nos dijeron, fue enorme.
Pero hay algo todavía más preocupante.
De acuerdo con testimonios de los propios residentes, por ese lugar anteriormente corría un arroyo que habría sido rellenado con tierra y material granítico para permitir la urbanización.
Y aquí surge una pregunta fundamental: ¿se realizaron correctamente los estudios de mecánica de suelos, compactación, estabilidad de taludes y drenaje pluvial antes de construir?
Porque el agua tiene memoria. Cuando llegan las lluvias, busca nuevamente sus cauces naturales. Y si esos cauces fueron rellenados o modificados sin las obras adecuadas, las consecuencias pueden ser devastadoras.
Una vecina nos describía esos terrenos como auténticos mazapanes: aparentemente firmes, pero vulnerables ante la humedad y los escurrimientos.
¿Quién autorizó construir ahí? ¿Quién supervisó la compactación de los terrenos? ¿Quién firmó los permisos y quién recibió las obras?
Los estudios de mecánica de suelos deben ser realizados por especialistas en geotecnia; los ensayos de compactación requieren procedimientos y controles técnicos, y los proyectos de drenaje pluvial corresponden a profesionales de ingeniería. Pero también existen autoridades responsables de revisar, autorizar y supervisar el cumplimiento de los requisitos aplicables.
¿Dónde están esos documentos? ¿Quién los firmó? ¿Se respetaron sus recomendaciones?
Y hay otro problema que pudimos observar: tuberías dañadas y descargas de agua que quedaron expuestas, escurriendo hacia terrenos naturales y zonas ubicadas a menor altura.
Si se trata de aguas residuales, como señalan los vecinos, estamos ante un posible problema adicional de contaminación ambiental y sanitaria. Es indispensable que la autoridad correspondiente identifique el origen de esas descargas y actúe inmediatamente.
Porque no solamente hablamos de infraestructura destruida. Hablamos de la seguridad de familias enteras y de posibles afectaciones a vecinos que viven aguas abajo.
Y ante el pronóstico de nuevas lluvias, Protección Civil debe inspeccionar urgentemente las viviendas situadas sobre la ladera, particularmente las tres o cuatro casas más próximas al hundimiento, y determinar si corresponde una evacuación preventiva.
No podemos esperar otro desprendimiento para tomar decisiones.
Los residentes también nos manifestaron que adquirieron sus viviendas a través de la desarrolladora Urbi, mediante créditos del Infonavit.
Y entonces viene otra pregunta:
¿A quién le reclaman hoy esas familias que durante años han pagado sus viviendas confiando en que fueron construidas sobre terrenos seguros?
La situación jurídica de las empresas desarrolladoras debe investigarse, porque las posibles responsabilidades no deberían desaparecer con una quiebra, una reestructuración o un cambio de razón social.
Pero Villas del Sol II no es el único motivo de preocupación.
En distintos fraccionamientos de Ensenada encontramos calles destrozadas, pavimentos fracturados, drenajes colapsados, fugas, infraestructura deteriorada y áreas verdes que nunca fueron entregadas adecuadamente al municipio.
Incluso existen señalamientos de espacios originalmente destinados al uso comunitario que estarían terminando en manos particulares.
¿Quién permitió todo eso? ¿Dónde están las actas de entrega-recepción, los expedientes técnicos y las garantías de urbanización?
Porque pasan los años, cambian las administraciones municipales y los problemas terminan heredándose al Ayuntamiento en turno, que debe enfrentar emergencias y buscar recursos para corregir lo que pudo haberse hecho mal desde el principio.
Mientras tanto, las familias quedan atrapadas entre viviendas que siguen pagando y una infraestructura que se deteriora frente a sus ojos.
No se trata de acusar indiscriminadamente a todas las constructoras. Se trata de investigar a aquellas que pudieron incumplir y a los funcionarios que tenían la obligación de supervisar.
Ensenada necesita una revisión profunda de sus fraccionamientos, particularmente de aquellos construidos sobre rellenos, antiguos cauces de arroyos, laderas y terrenos potencialmente inestables.
Necesitamos conocer quién autorizó, quién construyó, quién supervisó y quién recibió cada obra. Y, donde existan irregularidades, determinar las responsabilidades correspondientes.
Porque si vuelve a llover intensamente, aunque no sea con la fuerza de Rachel, los daños podrían agravarse.
Rachel fue una advertencia. No podemos esperar otra tragedia para empezar a investigar.
¿Quién tendrá la voluntad y la responsabilidad institucional de poner un alto a décadas de desorden urbano y marcar un antes y un después en Ensenada?
Porque las constructoras se van, los funcionarios terminan sus encargos y los gobiernos cambian.
Pero las deudas, los riesgos y las consecuencias se quedan con los ciudadanos.

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