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¿QUÉ ME HE ENCONTRADO DESPUÉS DE RACHEL EN ENSENADA? PRIMERA PARTE: LO QUE EL AGUA SE LLEVÓ Por Javier García Camarena

¿QUÉ ME HE ENCONTRADO DESPUÉS DE RACHEL EN ENSENADA?
PRIMERA PARTE: LO QUE EL AGUA SE LLEVÓ
Por Javier García Camarena
En estos días de ir y venir por las zonas más afectadas por Rachel, me he encontrado con una Ensenada que duele, conmueve y nos obliga a reflexionar.
Y pensar que bastaron unas cuantas horas de lluvia intensa para dejar al descubierto tantas cosas que durante años hemos preferido no mirar.
Me he encontrado casas que ya no existen. Sobre todo en la zona rural, en la delegación de Maneadero, en comunidades como San Francisquito, Las Flores, la colonia Oaxaca, El Paraíso, Lomas de Mendoza, Lomas de San Fernando y otros asentamientos donde Rachel golpeó durísimo.
En algunos lugares, donde antes había una vivienda, hoy solamente queda un pedazo de piso. Sofás enterrados, lavadoras arrastradas, colchones, zapatos, ropa, juguetes de niños y vehículos volcados.
También me he encontrado de lleno con el dolor de familias que siguen buscando a sus seres queridos.
Pero la destrucción no se limitó al campo. En El Choyal, Las Torres y otros sectores de la ciudad, encontré viviendas muy afectadas, vulnerables de origen y, algunas prácticamente desbaratadas sobretodo en el Choyal, muchas construidas demasiado cerca de los arroyos.
Me he encontrado una pobreza que lastima. Familias viviendo entre madera, plástico, láminas y llantas. Pisos de tierra, techos improvisados y paredes que difícilmente podrían resistir la fuerza del agua.
Y me he encontrado niños con miradas de desconcierto, todavía impactados por lo sucedido, pero capaces de volver a sonreír cuando alguien les entrega un juguete.
También he visto una realidad que México necesita estudiar profundamente: familias llegadas de Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Michoacán, Nayarit, Sonora, Sinaloa y otros estados, buscando oportunidades para sobrevivir.
Muchos trabajan en nuestros campos agrícolas bajo un sol que golpea como látigo, soportando viento, humedad y jornadas que buena parte de quienes crecimos en una ciudad difícilmente aguantaríamos.
Son quienes cosechan los alimentos que llegan a nuestras mesas, pero que muchas veces apenas tienen lo indispensable para vivir.
Me he encontrado necesidad, desconocimiento del riesgo y, en ocasiones, exceso de confianza. Familias que construyeron donde pudieron, junto a los arroyos o incluso sobre sus cauces. Mezcla de ignorancia, extrema necesidad, abuso e inconciencia.
¿Cuántas fueron engañadas por vendedores de terrenos? ¿Cuántas ocuparon zonas federales o propiedades ajenas? ¿Cuántas conocían realmente el peligro?
No se trata de condenar a los pobres por ser pobres. Se trata de comprender por qué la necesidad puede llevar a una familia a construir su patrimonio donde una corriente de agua puede arrebatárselo todo.
Pero entre tanta destrucción me encontré con algo que no esperaba ver con semejante fuerza. Algo que ninguna corriente pudo llevarse y que merece una segunda historia.
Porque Rachel no solamente dejó al descubierto la pobreza, la vulnerabilidad y nuestros errores como sociedad.
También me permitió descubrir de qué está hecha Ensenada cuando su gente más la necesita.
CONTINUARÁ… SEGUNDA PARTE: LO QUE EL AGUA NO PUDO LLEVARSE.
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