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SE TENÍA QUE DECIR CON TODO! Ensenada: la basura que tiramos también nos pasa la factura

SE TENÍA QUE DECIR CON TODO!
Ensenada: la basura que tiramos también nos pasa la factura
Ensenada no solamente tiene un problema de basura, también tiene un grave problema de cultura ciudadana. Por más campañas de limpieza, maquinaria y brigadas que se movilicen, difícilmente tendremos una ciudad limpia mientras existan personas que ensucian más rápido de lo que las autoridades pueden limpiar.
Basta recorrer colonias como Popular 89, Lomitas, Valle Verde, Maneadero y otros sectores de nuestra ciudad para encontrar terrenos baldíos, calles y arroyos convertidos en auténticos basureros clandestinos, llenos de llantas, colchones, muebles, refrigeradores, escombros y toda clase de desperdicios.
¡Y toda esa basura no llegó ahí por arte de magia! Hay personas irresponsables, gandallas y auténticos malvivientes que aprovechan cualquier espacio solitario para descargar camionetas enteras de basura, sin importarles el daño que ocasionan a su propia comunidad.
Pero lo más grave es que la basura no se queda donde la tiran. El viento arrastra bolsas, plásticos y desperdicios; después llegan las lluvias y las corrientes se llevan todo hacia los arroyos, las alcantarillas y los drenajes pluviales, provocando obstrucciones, desbordamientos e inundaciones. Mucha de esa contaminación termina finalmente en nuestras playas y en el mar.
Las recientes lluvias intensas y los efectos de la tormenta tropical nos recuerdan la fuerza de la naturaleza. Y aunque una precipitación extraordinaria puede causar daños por sí misma, cuando encuentra arroyos tapados, basura acumulada y drenajes obstruidos, las consecuencias pueden ser todavía peores.
Entonces comienzan los reclamos, las quejas en redes sociales y la búsqueda de culpables. Desde luego, las autoridades tienen la obligación de mantener limpios los cauces, mejorar la infraestructura pluvial y garantizar la recolección de basura. Pero también debemos reconocer nuestra responsabilidad como ciudadanos.
Y aquí hace falta algo más que buenas intenciones: vigilancia, denuncias ciudadanas y multas efectivas para quienes arrojan basura, abandonan vehículos o convierten la vía pública en un tiradero. No es justo que toda una comunidad pague las consecuencias de unos cuantos irresponsables.
Ensenada merece calles limpias, arroyos despejados y playas libres de contaminación. Pero ninguna administración municipal podrá conseguirlo sin la participación de sus habitantes.
Porque la naturaleza no fabrica basura, los arroyos no tiran colchones y el mar no produce las bolsas de plástico que recibe. Todo eso tiene un origen: la irresponsabilidad humana.
¡QUEREMOS UNA ENSENADA LIMPIA, PERO TAMBIÉN NECESITAMOS COMO ENSENADENSES QUE DEJAR ENSUCIARLA!
Javier García Camarena

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