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TERREMOTO EN LA FIFA: el escándalo de Infantino después del Mundial 2026 pone en juego su presidencia

Por la Redacción de TribunaBC
13 de agosto de 2026

Terminó el Mundial, pero comenzó otro partido mucho más peligroso para Gianni Infantino.

Esta vez no hay árbitros, penales ni tiempo agregado.

Lo que está en juego es el control de la organización más poderosa del futbol mundial.

A menos de un mes de la final de la Copa del Mundo 2026, el presidente de la FIFA enfrenta posiblemente la crisis institucional más seria desde que llegó al cargo en 2016. El detonante fue un ambicioso y controvertido proyecto para abrir parte del negocio comercial de FIFA a inversionistas privados.

Pero cuando comenzaron a conocerse los detalles, el problema dejó de ser exclusivamente financiero.

UEFA, la Confederación Asiática (AFC) y CONCACAF acusaron públicamente a Infantino de haber quebrado la confianza dentro del futbol internacional. Federaciones que anteriormente lo respaldaban comenzaron a retirarle su apoyo. Aparecieron llamados para que renuncie y comenzaron movimientos para encontrar un candidato que pueda enfrentarlo en las elecciones de FIFA de marzo de 2027.

Infantino, mientras tanto, se niega a caer.

Y FIFA sostiene que existe una campaña organizada para destruirlo.

El resultado es una guerra política que puede transformar para siempre el organismo que gobierna el futbol mundial.

El proyecto secreto que encendió la rebelión

El centro del escándalo es una propuesta conocida como FIFA Forward Enterprise (FFE).

Durante el Mundial 2026, mientras millones de personas observaban los partidos en Estados Unidos, México y Canadá, dentro de FIFA se trabajaba en un proyecto mucho más ambicioso.

Infantino pretendía explotar de una manera completamente nueva el gigantesco valor comercial de las competiciones de FIFA.

El plan contemplaba crear una estructura empresarial que administrara importantes activos comerciales relacionados con torneos como la Copa del Mundo y posteriormente permitir la entrada de capital privado.

Una propuesta que circuló contemplaba vender aproximadamente 20% del negocio por unos 4,200 millones de dólares.

Eso implicaría valorar la estructura comercial en alrededor de 21 mil millones de dólares.

Para sus defensores era una oportunidad extraordinaria.

FIFA podría recibir miles de millones inmediatamente y utilizar ese dinero para desarrollar futbol alrededor del planeta.

Para sus críticos representaba algo mucho más peligroso:

abrir la puerta para que inversionistas privados adquirieran intereses económicos sobre el negocio de la Copa del Mundo.

El nombre Kushner entra en escena

El proyecto adquirió inmediatamente una dimensión política porque entre los posibles inversionistas apareció una compañía relacionada con Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno de Donald Trump.

Según investigaciones periodísticas publicadas después del Mundial, las conversaciones habían involucrado a firmas financieras y potenciales inversionistas privados.

El problema no consistía simplemente en quién podría invertir.

Era el contexto.

Durante años Infantino había desarrollado una relación extraordinariamente cercana con Donald Trump.

Había visitado la Casa Blanca.

Había aparecido repetidamente junto al presidente estadounidense.

FIFA había creado además un controvertido Premio de la Paz, cuya primera edición fue entregada precisamente a Trump en diciembre de 2025.

Por ello, cuando apareció un proyecto multimillonario potencialmente relacionado con personas cercanas al círculo familiar y político del presidente estadounidense, las sospechas sobre conflictos de interés y falta de independencia aumentaron inmediatamente.

No existe evidencia pública de que Trump haya obtenido personalmente un beneficio económico del proyecto.

Pero políticamente el daño ya estaba hecho.

El problema no era solamente el dinero

Aquí aparece posiblemente la parte más importante de toda esta historia.

Las confederaciones no reaccionaron únicamente contra la participación de inversionistas.

Reaccionaron contra la forma en que Infantino habría manejado el proyecto.

UEFA, AFC y CONCACAF publicaron una declaración conjunta extraordinariamente dura.

Acusaron al presidente de FIFA de haber destruido confianza mediante engaño y cuestionaron que decisiones de semejante magnitud pudieran desarrollarse sin suficiente consulta, transparencia y supervisión.

Para tres grandes confederaciones enfrentarse públicamente al presidente de FIFA representa algo excepcional.

Entre ellas reúnen teóricamente a 136 de las 211 asociaciones nacionales que integran FIFA.

De repente, el hombre que parecía políticamente intocable comenzó a parecer vulnerable.

Infantino retrocede

Ante la creciente rebelión, el proyecto terminó siendo retirado.

Pero retirar la propuesta no solucionó el problema.

Porque para sus adversarios la pregunta dejó de ser:

¿Debe privatizarse parte del negocio comercial de FIFA?

La pregunta pasó a ser:

¿Puede seguir confiándose en Gianni Infantino para dirigir FIFA?

UEFA y otras organizaciones solicitaron investigaciones independientes.

Algunas federaciones nacionales retiraron públicamente su respaldo.

En Europa comenzó incluso la búsqueda de una figura capaz de enfrentarlo en las próximas elecciones.

El incendio había dejado de estar dentro de una oficina.

Ya estaba recorriendo todo el futbol mundial.

Inglaterra le retira apoyo

Uno de los golpes políticos más significativos llegó desde Inglaterra.

La Football Association, que anteriormente había respaldado a Infantino, decidió retirar ese apoyo después de conocerse el escándalo.

Otras federaciones europeas comenzaron a adoptar posiciones similares.

Suecia confirmó además que dentro de UEFA se discutía la posibilidad de encontrar un candidato alternativo para la presidencia de FIFA.

Eso es fundamental.

Criticar a Infantino es una cosa.

Intentar sustituirlo es otra completamente diferente.

Tres confederaciones contra Infantino

La rebelión posee una característica que la hace especialmente peligrosa.

No procede únicamente de Europa.

UEFA ha mantenido durante años diferencias con FIFA, especialmente por la expansión del calendario internacional y la creación de nuevos torneos.

Infantino podría haber presentado el conflicto simplemente como otra batalla entre FIFA y el poder europeo.

Pero esta vez AFC y CONCACAF también participaron en las críticas.

Eso transforma completamente el mapa político.

Cuando Europa, Asia y Norteamérica cuestionan conjuntamente al presidente de FIFA, ya no puede hablarse fácilmente de una rebelión regional.

Estamos ante una crisis global de gobernabilidad.

Pero Infantino todavía tiene aliados poderosos

Pensar que Infantino está acabado sería un error.

África continúa siendo fundamental.

El presidente de la Confederación Africana de Futbol, Patrice Motsepe, declaró el 12 de agosto que deben ser las 211 federaciones integrantes de FIFA quienes decidan democráticamente el futuro del presidente durante la elección prevista para marzo de 2027.

CAF continúa respaldándolo.

Y apenas un día después llegó otra demostración de apoyo.

Las federaciones de Qatar, Egipto, Líbano, Marruecos, Sudán y Mauritania publicaron una declaración conjunta respaldando a Infantino.

Varias de ellas tienen representantes dentro del propio Consejo de FIFA.

El mensaje fue evidente:

Infantino todavía posee ejército.

Sudamérica puede convertirse en el fiel de la balanza

CONMEBOL también resulta fundamental.

Sudamérica mantiene importantes intereses vinculados con FIFA, especialmente ante el Mundial 2030, cuya estructura incluye partidos conmemorativos en Uruguay, Argentina y Paraguay antes de continuar principalmente en España, Portugal y Marruecos.

Infantino ha cultivado cuidadosamente durante años las relaciones con federaciones africanas, asiáticas y latinoamericanas.

Su modelo político siempre ha tenido una enorme ventaja:

en una elección de FIFA, Alemania tiene un voto.

Brasil tiene un voto.

México tiene un voto.

Pero también lo tienen pequeñas federaciones del Caribe, África y Oceanía.

Son 211 votos individuales.

Y ahí Infantino históricamente ha sido extraordinariamente fuerte.

El fantasma de la Superliga

La controversia recuerda inevitablemente a la fallida Superliga europea de 2021.

Entonces, clubes privados intentaron transformar radicalmente el negocio del futbol sin consultar suficientemente al ecosistema deportivo.

La reacción fue inmediata.

Ahora la acusación es paradójica.

Quien estaría intentando introducir capital privado en una parte fundamental del negocio sería la propia organización encargada de proteger el Mundial.

Para los críticos, permitir inversionistas externos podría crear presiones futuras.

Un fondo que invierte miles de millones no lo hace por romanticismo futbolístico.

Quiere rendimiento.

Y cuando el rendimiento financiero entra en conflicto con el interés deportivo, aparece una pregunta inevitable:

¿quién manda?

El Mundial de 2026 produjo cifras extraordinarias

Aquí aparece la defensa económica de Infantino.

El Mundial 2026 fue comercialmente gigantesco.

FIFA aseguró después del torneo que se habían roto prácticamente todos los récords de audiencia, asistencia e ingresos.

Infantino incluso habló de liberar todo el potencial comercial que todavía conserva FIFA.

Desde su perspectiva, el razonamiento resulta sencillo:

si la Copa del Mundo vale decenas de miles de millones, ¿por qué no utilizar ese valor para obtener capital destinado al desarrollo del futbol mundial?

El argumento tiene lógica financiera.

El problema está en la gobernanza.

Una organización sin fines de lucro que administra el deporte más popular del planeta no puede funcionar exactamente como una empresa tecnológica buscando inversionistas.

Y entonces regresó Donald Trump

La controversia financiera llegó cuando Infantino ya estaba bajo presión por su relación con el presidente estadounidense.

Durante el Mundial ocurrió uno de los episodios más polémicos del torneo.

El delantero estadounidense Folarin Balogun había recibido una suspensión después de una tarjeta roja.

Donald Trump reconoció públicamente que llamó a Infantino para pedir que FIFA revisara el caso.

Posteriormente, la suspensión fue revertida y Balogun pudo disputar el partido de octavos de final contra Bélgica.

La situación provocó indignación.

Parlamentarios europeos solicitaron investigar si hubo interferencia política.

La organización FairSquare presentó además una denuncia ante el Comité Olímpico Internacional cuestionando posibles violaciones del principio de neutralidad política.

Infantino negó haber intervenido personalmente en la decisión disciplinaria.

Pero nuevamente apareció el mismo problema:

la percepción de que la distancia entre FIFA y el poder político estadounidense se había vuelto demasiado pequeña.

El Premio de la Paz a Trump

Otro elemento regresó ahora al centro del debate.

En diciembre de 2025 FIFA creó el denominado FIFA Peace Prize – Football Unites the World.

El primer ganador fue Donald Trump.

El premio fue entregado personalmente por Infantino.

La decisión generó críticas porque, según quienes presentaron denuncias posteriores, el proceso no habría sido suficientemente consultado dentro de los órganos de gobierno de FIFA.

Decenas de legisladores europeos solicitaron investigar si aquella decisión violó las normas de neutralidad política establecidas por la propia organización.

Por separado, entregar un premio puede parecer anecdótico.

Sumado a reuniones, declaraciones, llamadas telefónicas y controversias disciplinarias, comienza a formar un patrón que los críticos consideran preocupante.

Una nueva acusación personal

En medio del terremoto institucional apareció además otra información.

The Telegraph publicó acusaciones relacionadas con la etapa en que Infantino era secretario general de UEFA.

El periódico informó que UEFA habría realizado pagos relacionados con la salida y formación académica de una empleada con quien supuestamente Infantino habría mantenido una relación personal.

UEFA reconoció que existieron determinados pagos, pero señaló que fueron realizados conforme a las políticas vigentes.

FIFA e Infantino niegan categóricamente cualquier relación inapropiada o conducta indebida y calificaron las acusaciones como falsas y difamatorias.

Es importante separar este asunto del conflicto financiero actual.

Hasta ahora son acusaciones periodísticas disputadas, no una determinación de culpabilidad.

Pero políticamente aparecieron en el peor momento posible.

FIFA contraataca

Infantino decidió no permanecer en silencio.

FIFA publicó una declaración denunciando lo que calificó como un esfuerzo concertado y continuo para desacreditar a su presidente.

El organismo sostuvo que circulaban informaciones falsas y acusaciones sin fundamento.

También recordó que cualquier cuestionamiento a la presidencia debe realizarse conforme a los estatutos y mecanismos democráticos de FIFA.

La estrategia es clara:

Infantino intenta transformar el relato.

Sus adversarios dicen:

“Infantino perdió nuestra confianza.”

FIFA responde:

“Existe una campaña para derribar a un presidente legítimamente elegido.”

Será una batalla política y también narrativa.

¿Puede UEFA romper con FIFA?

Ésta es posiblemente la pregunta más peligrosa.

Europa concentra buena parte de los clubes más ricos, los jugadores más famosos, las ligas más poderosas y los ingresos comerciales más importantes del futbol.

Sin selecciones europeas, una Copa del Mundo perdería una enorme proporción de su valor.

Dentro de UEFA se ha discutido incluso la posibilidad de medidas más agresivas si la crisis continúa.

Un boicot sería una opción extrema y tendría consecuencias enormes para todas las partes.

Por ahora no existe una decisión de abandonar FIFA ni de boicotear el próximo Mundial.

Pero el simple hecho de que semejante escenario aparezca en conversaciones demuestra hasta dónde llegó la crisis.

¿Puede Infantino ser destituido?

Sí, pero políticamente sería extremadamente complicado.

Los estatutos de FIFA contienen mecanismos institucionales y disciplinarios.

También existe un Comité de Ética.

Sin embargo, el escenario más probable será electoral.

El próximo Congreso electoral está previsto para marzo de 2027 en Rabat, Marruecos.

Si Infantino mantiene su candidatura, necesitará nuevamente construir una mayoría entre las 211 asociaciones.

Con un solo adversario, la mayoría necesaria sería de 106 votos.

Con varios candidatos, la primera ronda puede requerir una mayoría de dos tercios antes de pasar a rondas posteriores.

Ahí comenzará el verdadero Mundial de Infantino.

El mapa aproximado de la batalla

En términos políticos, el tablero puede imaginarse así:

UEFA: fuerte oposición.

AFC: liderazgo crítico, aunque no necesariamente todas sus federaciones votarán igual.

CONCACAF: institucionalmente crítica, pero existen federaciones individuales que pueden separarse de esa posición.

CAF: actualmente favorable a Infantino.

CONMEBOL: pieza estratégica y potencialmente favorable.

Federaciones árabes: varias ya expresaron públicamente su respaldo.

Esto explica por qué sumar simplemente 136 asociaciones pertenecientes a las confederaciones críticas y concluir que Infantino está derrotado sería incorrecto.

En FIFA el voto es secreto e individual.

Las confederaciones no pueden ordenar jurídicamente cómo debe votar cada federación.

La gran pregunta: ¿de quién es el Mundial?

Detrás de todo este escándalo existe una discusión mucho más importante que el futuro personal de Gianni Infantino.

¿A quién pertenece realmente la Copa del Mundo?

¿A FIFA?

¿A las federaciones?

¿A los futbolistas?

¿A los aficionados?

¿A las televisoras?

¿A los patrocinadores?

¿O puede convertirse parcialmente en un activo financiero propiedad de inversionistas?

Durante décadas el futbol avanzó inexorablemente hacia la comercialización.

Derechos televisivos multimillonarios.

Patrocinios globales.

Fondos de inversión comprando clubes.

Estados adquiriendo equipos.

Mundiales cada vez mayores.

Calendarios saturados.

Boletos extraordinariamente caros.

El proyecto de Infantino pudo haber cruzado una frontera psicológica.

Porque una cosa es vender derechos comerciales de un Mundial.

Otra muy distinta es permitir que inversionistas tengan participación económica permanente en la maquinaria que los genera.

El legado de Infantino

Sería injusto analizar su presidencia exclusivamente desde esta crisis.

Infantino llegó a FIFA en 2016 después del gigantesco escándalo de corrupción que destruyó la presidencia de Joseph Blatter.

Durante su administración FIFA aumentó considerablemente sus ingresos y distribuyó más recursos entre federaciones.

Impulsó el Mundial de 48 selecciones.

Expandió el Mundial de Clubes.

Incrementó inversiones en futbol femenino y programas de desarrollo.

Convirtió FIFA en una organización financieramente todavía más poderosa.

Pero precisamente ahí puede encontrarse la paradoja de su presidencia.

Infantino llegó prometiendo modernizar FIFA después de una crisis de gobernanza.

Diez años después enfrenta su propia crisis precisamente por gobernanza, transparencia y concentración de poder.

Veredicto editorial de TribunaBC

El escándalo posterior al Mundial 2026 no demuestra por sí mismo que Gianni Infantino haya cometido un delito.

Conviene decirlo claramente.

Hasta ahora estamos ante una crisis política, ética y de gobernanza, acompañada de acusaciones que requieren investigaciones independientes.

Pero tampoco puede reducirse todo a una campaña mediática.

Cuando UEFA, AFC y CONCACAF cuestionan conjuntamente al presidente de FIFA; cuando federaciones comienzan a retirarle apoyo; cuando parlamentarios solicitan investigaciones; cuando aparecen denuncias relacionadas con neutralidad política y cuando un proyecto de miles de millones de dólares tiene que ser retirado precipitadamente, existe un problema institucional real.

La cuestión ya no es únicamente si Infantino tuvo una buena idea económica.

Es si ejerció demasiado poder con demasiado poco control.

Durante el Mundial 2026, Infantino proclamó que FIFA había organizado uno de los acontecimientos más extraordinarios de la historia.

Puede tener razón en términos comerciales.

Pero apenas unas semanas después, la organización que celebraba sus récords enfrenta una guerra interna.

El futbol mundial está dividido entre quienes consideran a Infantino un extraordinario administrador que democratizó los ingresos de FIFA y quienes creen que convirtió la organización en una presidencia excesivamente personalista.

La respuesta llegará en Rabat en marzo de 2027.

Por primera vez en mucho tiempo, Infantino podría encontrarse frente a algo que ningún presidente de FIFA desea:

un adversario real.

Y quizá ésta sea la mayor ironía.

Después de dirigir el Mundial más grande de la historia, Gianni Infantino podría terminar disputando el partido más difícil de su carrera sin tocar una pelota.

Esta vez, la final se juega por la presidencia de FIFA.

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