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“Solo les pedí que no quemaran mi camión… es mi único sustento, todavía lo debo.”

Hay escenas que parten el alma. Momentos en los que resulta imposible contener el llanto al ver cómo personas inocentes pagan el precio de la violencia.
El señor Montes estaba trabajando honestamente, como todos los días. De pronto, hombres armados lo obligaron a bajar de su único medio de trabajo: su camioncito. Entre la desesperación y el miedo, les suplicó que no le hicieran daño, que no lo quemaran, que todavía lo estaba pagando, que era lo único que tenía para sacar adelante a su familia.
No les importó.
Le incendiaron su herramienta de trabajo, su esfuerzo, su esperanza.
México es gente trabajadora. Es tierra de lugares hermosos, de riqueza cultural y de virtudes infinitas. Somos más los buenos. Pero hoy, como el señor Montes, muchos mexicanos viven con miedo, sintiendo que el esfuerzo honesto no siempre es suficiente para estar a salvo.

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