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🏛️📢 El llamado en San Quintín y el desgaste que ya es evidente

El exhorto hecho desde la Presidencia a los diputados durante su visita a San Quintín dista mucho de ser un hecho aislado o fortuito. Por el contrario, es una señal clara del cansancio social, pero también institucional, frente a un Poder Legislativo que parece haber perdido de vista sus responsabilidades básicas.

Más allá del gesto político, el mensaje apunta a una realidad incómoda: legisladores que han concentrado sus esfuerzos en la agenda electoral, mientras los problemas estructurales del sur del estado siguen sin atenderse. San Quintín, como San Felipe, continúa enfrentando rezagos severos en servicios e infraestructura, pese a ser municipios creados bajo la promesa de un mejor desarrollo.

El fondo del asunto es claro. El Congreso de Baja California no solo tiene la función de legislar, sino también la obligación de vigilar el correcto funcionamiento de los ayuntamientos. Incluso cuenta con atribuciones para intervenir cuando estos no cumplen. Sin embargo, esa labor ha sido relegada, al grado de que ha tenido que ser la propia Presidenta quien señale omisiones que corresponden al ámbito legislativo y estatal.

La pregunta resulta inevitable: si cada diputado dispone de recursos mensuales que alcanzan hasta los 600 mil pesos, ¿por qué estos no se reflejan en acciones concretas para atender las necesidades de los municipios que ellos mismos impulsaron?

No se trata de discursos ni de capitalizar políticamente el descontento. Se trata de asumir responsabilidades, de orientar el gasto público hacia donde realmente hace falta y de responder por decisiones que hoy pesan sobre comunidades que siguen esperando resultados.

El regaño, más que un momento incómodo, es un recordatorio de que el hartazgo no solo viene de la gente. También desde el propio poder.

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