Gobernar Playas de Rosarito no es sencillo: entre la frontera, la presión, el abandono de la última administración y la reconstrucción del rumbo
Por Hunter
Gobernar un municipio nunca es fácil. Pero gobernar Playas de Rosarito es, probablemente, una de las tareas más complejas de Baja California.
Rosarito no es un municipio común. Es frontera, es turismo, es paso obligado entre Tijuana y el sur del estado, es corredor carretero, es destino internacional, es comunidad local y, al mismo tiempo, extensión urbana de una de las ciudades más dinámicas y conflictivas del país: Tijuana.
Es un territorio donde confluyen intereses económicos, sociales, políticos y geopolíticos. Y dirigirlo exige algo más que voluntad: exige carácter, visión, resistencia y capacidad de gestión.
Gobernar en territorio de presión permanente
Playas de Rosarito vive bajo una presión constante.
La cercanía con California y Estados Unidos convierte cada decisión municipal en un acto observado, comparado y exigido.
La proximidad con Tijuana implica retos de movilidad, seguridad, crecimiento urbano, migración y servicios públicos.
Las autopistas, carreteras libres y corredores turísticos atraviesan el municipio como arterias que no descansan.
En ese contexto, gobernar no es administrar rutina: es gestionar crisis permanentes.
Herencias difíciles y realidades incómodas
Además, hay que decirlo con claridad: la administración anterior dejó un escenario complejo.
Infraestructura rezagada, obras inconclusas, problemas financieros, desgaste institucional y una percepción ciudadana de abandono.
Rosarito había perdido ritmo, dirección y, en algunos sectores, esperanza.
Cuando una nueva administración llega a un municipio con esas condiciones, no hereda estabilidad: hereda urgencias.
El intento de reconstruir el rumbo
En ese escenario asumió la presidencia municipal Rocío Adame.
Abogada de formación, con perfil humanista y enfoque social, llegó a un gobierno que no podía permitirse el lujo del ensayo y error.
Desde el inicio, su administración ha buscado algo que parece simple, pero no lo es: equilibrar.
Equilibrar atención social con desarrollo turístico.
Equilibrar obra pública en colonias populares con proyectos en zonas estratégicas.
Equilibrar política social con orden administrativo.
Equilibrar urgencias heredadas con proyectos de futuro.
Hoy se observa un esfuerzo por llevar obra y programas a sectores históricamente olvidados, sin descuidar la zona turística ni la clase media.
Se intenta que el municipio no sea solo escaparate para visitantes, sino también hogar digno para quienes lo habitan.
Gobernar también es resistir
En política, pocas cosas se dicen con honestidad: gobernar también es resistir.
Resistir críticas, resistir expectativas imposibles, resistir inercias burocráticas, resistir intereses que prefieren el caos al orden, resistir el desgaste de jornadas de 15 o 16 horas diarias.
No es un discurso romántico. Es la realidad de quien intenta enderezar un barco que llevaba años navegando sin rumbo claro.
Rosarito como símbolo de algo más grande
Lo que ocurre en Rosarito no es un fenómeno aislado.
Es el reflejo de muchos municipios mexicanos que intentan reconstruirse después de años de improvisación, desorden o indiferencia.
La pregunta no es si el gobierno actual es perfecto —ninguno lo es—.
La pregunta es si existe una intención real de corregir el rumbo.
Y todo indica que, al menos, hoy Rosarito ya no está detenido.
Gobernar no es prometer: es cambiar la inercia
En política, la diferencia entre un gobierno más y un gobierno que intenta hacer historia no siempre está en los discursos, sino en la voluntad de romper inercias.
Rocío Adame y su equipo gobiernan un municipio difícil, estratégico, complejo y exigente.
No gobiernan desde la comodidad, sino desde la presión.
No gobiernan un Rosarito ideal, sino un Rosarito real, con problemas acumulados durante años.
Con todo el esfuerzo, el ahínco y la presión permanente, intentando responder a las demandas de todas las capas de la sociedad y de todos los grupos sociales, Rocío Adame se mantiene firme, con una visión clara de crecimiento y desarrollo para todo el municipio.
Se mantiene fuerte frente a las inercias del pasado, frente a las resistencias del presente y frente a los desafíos del futuro.
Se mantiene fuerte, contra todo.
Rosarito no se transforma en un año.
Pero lo que sí puede cambiar en un año es algo más importante: la dirección.
Rosarito comienza a avanzar.
Rosarito está avanzando.
Y por eso hoy vemos obras por todos lados del municipio: obras públicas, obras privadas y proyectos público-privados; inversión, infraestructura y movimiento en colonias populares, zonas de clase media y áreas turísticas.
Después de años de inercia, Rosarito ya no está detenido: está en marcha.

