familiaGeneralInteresante

La Autocrítica de un Viejo Sabio

Hace unos días le lancé una pregunta directa a un amigo mayor al que considero una buena persona además de educado e instruido: “Si tú fueras de izquierda de toda tu vida y, de pronto, presidieras un partido que llegó al poder presumiendo esa misma bandera, ¿Qué le pedirías a tus militantes cuando alcanzaran espacios de poder?”
Su respuesta me sorprendió por lo sencilla y a la vez contundente: humildad. Humildad en el trato con la gente, atención directa al ciudadano, y la congruencia de vivir de acuerdo con los valores que un partido de izquierda proclama.
Enseguida, entre otras cosas, me explicó lo que esto significa para él en la vida practica. Primero, evitar los escándalos mediaticos de hoy en dia: primero nada y nunca de pleitos y actitudes prepotentes con otros servidores públicos menores o con otros ciudadanos, nada de presumir compras en tiendas de ropa de marcas extrafalarias, relojes carísimos o artículos de lujo que antes les eran inalcanzables y que, de golpe, aparecen apenas se pisa un cargo público cuando nunca en su pasado tuvieron acceso a esa vida. Nada de subir fotos y videos en hoteles, restaurantes o viajes de altos costos mientras millones de ciudadanos sobreviven día a día con lo mínimo. Ese contraste no solo indigna también hiere, provoca repudio y erosiona la confianza.
Mi amigo insistió en que un verdadero militante de izquierda debería abstenerse de comprar vehículos deportivos o camionetas de millones de pesos. Si se representa al pueblo, se representa la austeridad. Y esa austeridad no es un discurso vacío, sino un modo de vida: se refleja en la sobriedad, en la congruencia y en el rechazo a todo exceso que contradiga los principios que se pregonan y que se utilizaron en el discurso para llegar a la administración pública.
Añadió otro punto: transparencia absoluta. Entiendo que eso ya esta reglamentado por la ley pero me refiero a hacerlo en serio. Revisar con lupa el patrimonio antes y después de llegar al poder; investigar las ligas, los socios y los negocios que puedan surgir desde la función pública. Porque no se vale que un sueldo oficial, que por sí mismo no alcanzaría para financiar lujos, sirva de fachada para fortunas que en realidad nacen de alianzas dudosas.
“Si de verdad eres de izquierda —me dijo— no puedes comportarte como aquello que tanto criticaste. No puedes salir a la calle a gritar contra la corrupción y después repetirla tu mismo(a) incluso con mayor cinismo. Eso es hipocresía. Y la hipocresía en política se paga caro: con la vergüenza, con la desconfianza y, sobre todo, es una traición al pueblo que creyó en ti.”
La conclusión de mi amigo fue tajante: habría que recordarles, llamarles la atención e incluso pedir la destitución de quienes olviden estos principios y cometan estos actos. Porque lo más grave no es perder votos, sino traicionar ideales. Y la gran advertencia, la cereza del pastel, fue esta: no hacer negocios de ningún tipo desde la función pública cosa que es clara pero mucho menos con personajes de dudoso origen o intenciones.
Eso me dijo mi amigo, un viejo sabio pero romántico idealista, a lo mejor ya fuera de epoca.
Y después de escucharlo, me queda claro que la verdadera izquierda, si quiere sobrevivir, debe empezar por un principio tan básico como olvidado: la congruencia entre lo que se dice, pregona y hace.
Haber si luego ya no es tarde.
Lic. Javier García Camarena
Comunicador Social.
Yo lo que creo que en realidad así debería ser parte del comportamiento de todos y todas los que están en el poder, no importando la tendencia.
Facebook Comments