Cuando la juventud se convierte en espectáculo: el costo de un asesoramiento mal encauzado
Cuando en San Quintín se anunció la llegada de Ashley Casillas Gómez, una joven de apenas 20 años, a una regiduría encabezando al Partido del Trabajo, muchos vieron en ello una oportunidad histórica: la posibilidad de que la voz de las juventudes se reflejara en la toma de decisiones del primer cabildo municipal. Había esperanza de visión, futuro y renovación.
Sin embargo, lo que en un inicio parecía un impulso fresco, se ha traducido en un ejercicio político marcado por la inmadurez, la confrontación y un asesoramiento poco afortunado. Las participaciones de la regidora en cabildo han estado caracterizadas más por la exaltación emocional que por la solidez argumentativa, generando un ambiente de tensión en lugar de contribuir a un diálogo constructivo.
Un elemento que ha generado debate público es la influencia visible de su madre, Giselle Gómez, ex candidata a la alcaldía. Su presencia constante en las sesiones, así como la participación de un grupo cercano que acompaña a la regidora, ha llevado a cuestionar si la joven está ejerciendo con autonomía o si se encuentra sujeta a una tutela política que limita su desarrollo independiente. Si bien el acompañamiento familiar es comprensible, en la política local este respaldo puede transformarse en presión y en un obstáculo para la construcción de un criterio propio.
Durante casi un año de administración, el trabajo de la regidora se ha centrado en denuncias contra la alcaldesa, el secretario general y el director de Seguridad y Protección Ciudadana, bajo acusaciones de violencia política, institucional y discriminación. Al inicio, tales denuncias encontraron eco precisamente por tratarse de una mujer joven abriendo camino en la política, no obstante, con el tiempo, se ha percibido un énfasis excesivo en la confrontación mediática, a través de videos y transmisiones, por encima de la construcción de propuestas legislativas o reglamentos que beneficien directamente a la ciudadanía.
Este panorama abre preguntas importantes: ¿está la política local formando a sus jóvenes representantes para legislar con responsabilidad, o los está empujando a convertirse en portavoces de agendas externas? ¿No sería necesario exigir asesores profesionales y capacitados detrás de cada regidor o regidora para garantizar un nivel de debate más sólido?
El caso de la regidora Casillas resulta aún más relevante por las comisiones que encabeza, como la de Seguridad y Protección Ciudadana, donde se esperaría una relación de trabajo cordial y estratégica con las autoridades del ramo. En cambio, los constantes ataques al titular de esa área plantean dudas sobre la capacidad de generar consensos mínimos para diseñar reglamentos y políticas públicas efectivas.
Al mismo tiempo, surge la reflexión sobre la carga emocional que implica para una joven de 20 años asumir un papel de esta magnitud. La política conlleva presión, responsabilidad y un alto nivel de exigencia. Sin autonomía plena y sin un acompañamiento profesional adecuado, el riesgo es que esa presión erosione tanto su capacidad como su salud emocional, impidiendo que florezca el verdadero potencial que se esperaba de su participación.
En síntesis, San Quintín enfrenta en su cabildo un espejo de lo que aún falta construir: un ejercicio legislativo maduro, con debates fundamentados, menos intereses personales y más compromiso colectivo. El futuro del municipio depende de que sus representantes, jóvenes o experimentados, eleven el nivel político y entiendan que servir no es reflejar los sueños inconclusos de otros, sino responder con responsabilidad al pueblo que los eligió.


